Actuar
Uno de los actos más desagradables y desdeñables es abandonar las cosas cuando se presenta algún problema. La cobardía de de quien huye escudándose en la mediocridad y conformismo sin intentar arreglar lo que sucede, sin jugársela hasta el final, me produce una seria repulsión.
Habrá a quienes les parezca una salida digna y totalmente respetable, de la misma manera como lo puede ser ahogar a los hijos cuando no hay dinero para sostenerlos.
Son distintas manera de afrontar la vida.
Pues bien, si después de haberlo intentado todo para solucionar el conflicto las cosas no cambian, entonces hay que arrancarlo de raíz. Los puntos medios, indecisos, deformes, indescriptibles no conducen más que a la incertidumbre, uno de los estados más dañinos para el alma. Hacer como si no sucediera nada no soluciona lo que pasa.
Por eso para hacer el duelo no basta con abandonar el cuerpo, hay que matarlo. Luego de cerciorase de que no queda el mas mínimo vestigio de vida, hay que echarle tierra. Tomarse el tiempo para asimilar el dolor y avanzar.
Arrancar las raíces siempre es difícil, pero sobre todo doloroso. Pareciera ser un giro desconcertante, grosero y violento por parte del autor del acto, pero sobre una raíz no se puede sembrar.
Rezar al muerto, honrar su memoria. Arreglar la tierra, poner una nueva semilla.




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