viernes, octubre 14, 2005

Tomado de "La Flor del Fango" (guión de mi autoría)

Manuela se quita la camisa por encima de su cabeza. Tiene unos hermosos senos redondos, firmes. Su piel es clara, pulcra, sin marcas. Su cuerpo tiembla con ardor. Ella esta sentada sobre Ricardo que la mira tiernamente conteniendo su ímpetu. Manuela le quita la camisa con fuerza. La sangre en su cuerpo la recorre desde los pies hasta el cabello. Manuela besa el cuello de Ricardo con determinación pero con ternura. Él, mientras tanto, recorre con las manos su espalda, coge sus nalgas con firmeza y acaricia con delicadeza sus piernas. Ambos están hirviendo en pasión. Manuela le besa el pecho, pasa su lengua por sus tetillas y mordisquea su vientre. Ricardo se voltea rápidamente. La acuesta boca arriba y le coge las manos. Se las coloca por encima de su cabeza sosteniéndoselas con fortaleza. Se coloca encima de ella abriéndole las piernas, con su cuerpo, lentamente. Los labios unos encima de los otros. Manuela intenta mordérselos pero el hábilmente retira los suyos. Él pasa su lengua sobre los labios de ella y en un ataque sorpresivo ella la toma entre su boca y la absorbe. Ricardo entonces aprieta sus caderas contra las de ella. Manuela alcanza a emitir un pequeño gemido de placer, suficiente para liberar su lengua. Ricardo baja por su cuello infringiéndole pequeños mordiscos que logran incrementar la respiración ya por si agitada de su amante. Llega a sus pechos. Pasa su lengua firme sobre sus pezones erectos. Suelta sus manos y coge con seguridad uno de sus senos el cual acaricia mientras lo muerde suavemente por debajo. Manuela arde en pasión. Intenta por todos los medios desabrochar el pantalón de Ricardo y bajárselo con los pies. Ricardo le ayuda y pronto emerge su pene erecto, listo para penetrarla. Manuela coge su miembro mientras gime de placer. Ricardo baja lentamente por el abdomen de ella besándola, pasándole la lengua, mordiendo su piel palpitante. Ricardo desabrocha el pantalón que ella lleva puesto y se lo quita con suavidad junto con su ropa interior, mordiendo sus muslos firmes a medida que va retirando la tela que cubre su piel. Termina de quitarle el pantalón y encuentra una vagina palpitante, húmeda, abierta, lista, a la espera, dispuesta a recibir a su hombre. Ricardo toma las piernas de Manuela por debajo y las sube hacia sus senos. Introduce entonces, con ardor su lengua en su sexo excitado. Manuela lanza un gemido de placer y coge agitada la cabeza de Ricardo. Mientras tanto el mueve su lengua por entre sus labios, la gira en el clítoris y absorbe con entusiasmo los jugos que de Manuela salen. Ella entonces lo hala, lo lleva hacia arriba suyo, lo aprieta entre sus piernas, lo besa con violencia. Coge el pene y lo introduce rígidamente en su cuerpo. Exhalan indomablemente la espera contenida. Se miran fijamente a los ojos como si el tiempo no existiera. Son solo ellos dos. Ricardo mueve rítmicamente sus caderas aumentando gradualmente la velocidad y la fuerza. Manuela cierra sus piernas por encima de él. Gira la cabeza, convulsiona su cuerpo. Toma la cara de Ricardo y besa sus labios. Pasa sus manos por sus cabellos y gime de placer. En un embate de Ricardo, ella lo voltea. Lo coloca boca arriba y toma el control de la situación. Se coloca encima de él, toma el pene erecto entre sus manos y lo introduce dentro de su cuerpo. Mueve su cuerpo con velocidad mientras Ricardo le toma sus senos con ambas manos y los acaricia. Manuela se mueve con rabia y determinación. Llena de ímpetu, solo atina a mirar a Ricardo imperturbable. Ricardo levanta su cuerpo y queda sentado con Manuela al frente suyo y rodeado por sus piernas. Ella entonces se recuesta un poco y se apoya en sus manos. Mueve sus caderas con más fuerza. El frenesí desenfrenado ha alcanzado su nivel más alto. Ricardo no puede más, cae sobre su espalda y Manuela se reincorpora, se agacha sobre él y lo besa. Presiona el pene con fuerza con los labios de su vulva mientras Ricardo gime suavemente de emoción. Da unas cuantas embestidas más y estalla en goce. No puede respirar. El placer invade sus cuerpos completamente y sin embargo Manuela intenta sentir un poco más el cuerpo que esta dentro de ella. Él la abraza y se quedan los dos quietos, uno encima del otro, callados, completos.